Escribir para emocionar

Era pequeña y apareció Pippin. El objetivo de la campaña era aprender a ver la televisión, y yo me quedé enganchadísima al verlo.

Es que flipé mucho: un perrito adorable con su maleta y patinete me conmovió. Hasta tocaba el piano. ¿Pero quién ha hecho esta maravilla? Quería ver esos spots una y otra vez, que saliera el perro y sonara Sinfonía del Nuevo Mundo de Dvorak (estudiando me enteré que fue la primera campaña española que ganó el Gran Premio de Cannes. Memorable).

La comunicación tiene que emocionar, y para conseguirlo hay que currar mucho, y muy duro.

Claro que a esa edad no tenía ni idea que existiera la profesión de copy o directora de arte. De pequeña jamás dije “quiero ser creativa publicitaria” (pero tampoco médica o profe). Yo quería aprender a hacer “Pippines” y ya de paso, tocar el piano.

Y ésta es la historia.

Este texto, en las antípodas de ser académico y formal, está escrito desde la propia emoción. Y aquí está la clave: la comunicación tiene que emocionar, y para conseguirlo hay que currar mucho, y muy duro.

Pensar un concepto no es una ocurrencia, como tampoco lo es escribir un titular, ni un body copy, ni un subtitular, ni una cuña, ni un cierre, ni un guion, ni nada de nada. La creatividad publicitaria es una profesión y hay que decirlo.

Reivindiquemos nuestro trabajo y, ya de paso, un buen briefing.

(Gracias a mis compis del mundo de la publi que me han enseñado tanto. Sois inspiradores).

María Llorens

María Llorens

Directora creativa

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