La comunicación en el sector público o cuando comunicar no es una opción, sino una obligación

Cuando se conoce la realidad de las sociedades públicas de Navarra desde dentro, resulta llamativa la disonancia entre el imaginario colectivo existente en torno a ellas y la auténtica realidad. La explicación es compleja, pero quedémonos con dos factores principales. En primer lugar, el efecto contagio del concepto «empresa pública», que durante décadas ha estado ligado a diversos escándalos a nivel nacional. Segundo y a escala regional, el factor idiosincrásico. En Navarra somos mucho de hacer y poco de contar.

En cualquiera de los casos, para poder trabajar una buena comunicación el primer paso es disponer de contenido atractivo y de valor que genere interés en torno a las entidades.

Ante el primero de los factores, somos David contra Goliat, por lo que poco podemos hacer más allá de dejar que nuestro trabajo y buen hacer hable por sí solo. Por suerte, en lo que respecta al segundo factor, las tornas están cambiando y vamos navegando hacia el conocimiento y reconocimiento de lo que la comunicación puede aportar al desarrollo de cualquier actividad, bien sea privada o pública.

 

En esta línea, en la Corporación Pública Empresarial de Navarra (CPEN) el año pasado lanzamos el Plan Estratégico 2021-2024. El mismo se basa en ocho ejes estratégicos, de los cuales cinco afectan directa o indirectamente a la función de comunicación. Algo que resulta bastante significativo.

 

Simplificándolo mucho, nuestro objetivo de comunicación es visibilizar la aportación que las sociedades públicas hacen a Navarra. Es decir, proyectar de dentro hacia afuera quiénes somos, cómo trabajamos, cuáles son nuestras funciones y, ante todo, en qué se benefician los distintos grupos de interés de ese trabajo, con un ojo en la audiencia final que es la ciudadanía navarra en su conjunto.

 

Las organizaciones públicas son muy vulnerables a las influencias y cambios político-sociales y están sujetas a un escrutinio público continuo. Ello requiere un alto grado de responsabilidad por lo que en el sector público la comunicación no es una opción, sino una obligación. Es un compromiso. Una herramienta para la rendición de cuentas y la transparencia en la gestión de fondos públicos.

 

Hablamos de fomentar una comunicación proactiva que permita abrir nuestras puertas. Partiendo de esta premisa, creemos firmemente en la innovación en soportes y canales, para lo que estamos explorando formatos quizá no habituales en el sector público hasta el momento, pero que nos permiten afianzar una comunicación personal y cercana. Hablar de tú a tú o, como se suele decir, ponerle ojos y cara a la comunicación. No perseguimos que se conozca el nombre de las dieciséis sociedades públicas integradas en la Corporación Pública, eso será una consecuencia si hacemos las cosas bien. Nuestro objetivo es que trascienda la utilidad de la labor que realizamos en favor del desarrollo, cohesión social y vertebración territorial de nuestra tierra.

 

En cualquiera de los casos, para poder trabajar una buena comunicación el primer paso es disponer de contenido atractivo y de valor que genere interés en torno a las entidades. Basar la política de comunicación en hacer mucho ruido con pocas nueces puede resultar beneficioso en el corto plazo, pero no se intuye que lo vaya a ser en el largo. Menos aún en el sector público.

 

Un Plan de Comunicación Corporativa cuyo objetivo sea la construcción de una reputación sólida deberá parecerse más a un zirimiri, que ayude a establecer los vínculos necesarios con las audiencias clave y que acabe materializándose en la generación de confianza por parte de estas. Aunque a nadie le amarga un dulce y quienes nos dedicamos a la comunicación también agradecemos tener la oportunidad de disfrutar con algún fuego artificial de vez en cuando como revulsivo.

 

Afortunadamente, en el sector público empresarial disponemos de una materia prima de comunicación inigualable. Lo mismo podemos hablar de regeneración urbana y eficiencia energética, emprendimiento, gestión de infraestructuras de telecomunicaciones o de saneamiento, educación o medicina personalizada, como de cultura, agricultura y ganadería, capital riesgo, inteligencia artificial o medio ambiente.

                                                                                                         

Eso sí. Todo ese envidiable abanico de sectores de actividad no significaría demasiado sin el verdadero ingrediente secreto de las sociedades públicas de Navarra: el conocimiento, talento y experiencia de su personal. Su auténtico baluarte.

Itxaso Laita Apesteguía

Itxaso Laita Apesteguía

Responsable de Comunicación de la Corporación Pública Empresarial de Navarra (CPEN)

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